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Por tercera vez iba al mismo lugar, me habían advertido que “el zorro” era una persona difícil de encontrar e impredecible. Las anteriores veces nadie había respondido a la puerta, así que aún no lo había importunado como para resultar cargoso.
La nueva cita -concertada por teléfono- era a las ocho de la noche. La dirección que tenía garabateada en el papel correspondía al número dibujado con fibrón en la puerta de chapa. Un cartel, escrito con letra igual de ilegible, decía “golpear fuerte”.
Aporreé la chapa durante aproximadamente quince minutos, sabía que había alguien adentro por la música que se escuchaba hasta la vereda de enfrente. Me abrieron recién cuando el compact terminó y mis llamadas pudieron ser escuchadas. Nunca me había sentido tan poco bienvenido.

- Perdón si querés paso en otro momento, ¿estabas ocupado?- pregunto sólo para cumplir, ya que no entraba dentro de mis planes irme sin al menos cruzar unas palabras con el dueño de casa.
- Disculpame ¿te conozco?
- Yo venía a hacerle una entrevista “al Zorro”, ya arregle por teléfono- extrañamente hablaba sin saber con quien, nunca había visto al personaje en cuestión, sólo me llegaron las historias sobre su vida.
- Creo que algo me comentó, esta adentro, si querés pasa…Zorro!!!, te buscan.

La entrada era un largo pasillo a la intemperie a cuyos lados tenía un edificio y un paredón que no me llegaba al hombro. Caminé atrás de quién me había atendido los diez metro que me separaban de la casa. La puerta estaba abierta así que pasamos.

- Bienvenido a mis aposentos- dijo desde una hamaca paraguaya, sin dejarse aún ver.
- Permiso…- tuve las intenciones de alagar el lugar, pero la verdad es que la falsedad hubiese sido evidente.

El departamento era una verdadera cueva. Un monoambiente en el completo sentido de la palabra. En un extremo el inodoro al lado de una ducha cubierta por una cortina, enfrente un horno a leña con tiraje hacia adentro, por lo que el aire estaba viciado por la mezcla de olores y humo. En el medio pendía una hamaca paraguaya, contra una de las paredes laterales había un desvencijado sofá cama que ya dejaba asomar algunos resortes, una mesa ratona o de luz completaba el mobiliario.
El único elemento “decorativo” del lugar estaba en las paredes. No había lugar vacío, arriba del sillón una colección de patentes de autos; atrás del horno carteles indicadores de curvas, rotondas o cruces; para terminar con la ambientación temática, arriba del inodoro se podía observar un enorme “hombres trabajando”.

- Me gustaría que me hables un poco de tu vida, ¿por qué sos tan famoso en la ciudad?
- La verdad es que yo también me lo pregunto. Lo que pasa es que yo le di un fuerte impulso a los deportes alternativos y extremos. En una época salía en todos los medios- responde desde la hamaca sin siquiera asomarse.
- ¿A qué le llamas deportes alternativos o extraemos?
- Yo inventé el skate con ruedas gigantes. Es igual que los otros pero con ruedas de goma del tamaño de un triciclo. Con eso bajo toda la montaña en verano. Además, le di un fuerte impulso a todo lo que es BMX o bicicletas cross, seguro me has visto por la ruta en una de ellas.
- Si con nieve, lluvia, hielo. ¿Tuviste muchos accidentes?
- Uf, porque te crees que me dicen el cangre, por la cantidad de veces que me rompí la clavícula y andaba enyesado.
- A la noche también te he visto, la bici ya es más que un deporte, es un modo de vida para vos, ¿no?
- Ni hablar, yo voy a los boliches y la dejo en el guardarropas y ojo con que no me la acepten- por primera vez en lo que va de la entrevista asoma su cabeza rapada afuera de la hamaca.

Durante toda la conversación el amigo permanecía sentado a mi lado en el sofá, escuchando atentamente y asintiendo cuando el Zorro decía algo. De repente se para y pide que le abran que se va. El entrevistado por fin baja y me saluda.
De contextura robusta, su cuerpo era el de una persona alta compactado un tan sólo un metro sesenta de estatura. Estaba con el torso desnudo, dejando ver tatuajes de lo más extraños, todos ellos hechos artesanalmente y algunos sin terminar.
La cabeza parecía un mapa, con cicatrices para todos los gustos, desde aquellas que podrían representar los ríos hasta las avenidas y rutas nacionales. La nariz había sido en algún momento puntiaguda pero ahora se curvaba a la mitad, a partir de una costura. Estaba tostado parejo hasta la mitad de la frente, donde empezaba la palidez que iba a cubrir toda su cabeza hasta la rolliza nuca.
Al salir para el pasillo dejo sobre la estufa un chopp de Quilmes, adentro estaba la ceniza de los cigarrillos que se había fumado durante la tarde. Volvió en seguida.

- ¿En qué nos quedamos?- preguntó mientras me miraba con suficiencia y agarraba una botella de whisky “Criadores” por la mitad.
- De tu extraña forma de vivir, Algunos te dicen el loco, ¿sabías?
- Si pero eso viene de mucho tiempo atrás – se acomoda al lado mío en el sillón y prosigue – antes de que me digan el zorro, como verás me llamo Carlos al pedo. Yo tengo un pequeño problema que se llama esquizofrenia, mientras que lo tenga medicado está todo bien. La cosa era cuando no me lo habían diagnosticado que hacía cualquiera pero ya ni me acuerdo de eso-. Termina cortante, poniendo punto final al tema.
- Te vi en varios programas de cable, cuando presentas tus disciplinas ¿te sentís un intrépido o realmente querés imponer una nueva modalidad?
- La verdad es que lo hago como un desahogo. A veces me doy cuenta de que nadie va a estar tan chiflado de bajar por un arroyo seco con un skate a todo lo que da. Y el que lo quiera hacer no va a necesitar que se lo explique, porque va a estar tan loco como yo y va a experimentar.
- ¿Por qué sentís que se te considera un personaje de la ciudad?
- La verdad no se. Yo diría que es por mi facha, ando siempre de bermudas y musculosas por más que haga diez grados bajo cero y, yo que sé, es raro ver a un tipo en skate por la ruta entre los colectivos a la noche. Igual yo no me siento así, para mi es normal, te digo por lo que me comenta la gente.
- ¿Alguna vez pensaste en trabajar de esto?
- Estaría bueno, lastima que no tengo horarios y la verdad es que no soporto mucho a la gente. Lo podrás haber notado.
- Si me di cuenta- respondo en seguida.

Se vuelve a levantar, le cuesta quedarse quieto. Se pone unos lentes de sol horriblemente enormes, amarillos brillantes.

- Sé que tu otra pasión es la música, ¿contame un poco de eso?
- La verdad es que me encanta – me muestra un tatuaje en el hombro de Black Sabbath- pero no se tocar ni el timbre. Por suerte soy amigo de varias bandas locales que me llevan a sus shows como invitado, me hacen subir a cantar y todo.
- Se que grabaste un video clip…
- ¡Lo viste! Está genial, era para una banda skater de acá que me pidieron si podía hacer un par de boludeces para que me grabaran. Al final fueron cada vez más y termine siendo el protagonista del video. Es el día de hoy que me preguntan si soy algo de la banda.
- Ya que estamos en confianza, ¿te puedo preguntar algo personal?
- Depende, por las dudas puto no soy.
- Que cagada. No, en realidad quiero saber ¿de qué vivís?, porque las veces que te he visto fue siempre subido a una bici o al skate, a cualquier hora…
- De lo que te vengo contando, grabo videos, hago algún especial para la TV, llevo a algún turista que quiere aprender a andar en skate a que se cague bien a palo a la montaña y después me paga…no se de todo un poco.
- Bueno te hago la última pregunta…
- ¡Era hora!-interrumpe y se ríe sin perder la seriedad. No llega a ser reproche pero tampoco broma.
- ¿Estabas acá adentro las dos primeras veces que vine?
- Por supuesto que si, te cabe alguna duda.

-¿Quiere una pipa de shisha?- un mozo con un repasador colgando del brazo atiende a un cliente visiblemente extranjero. La pregunta es de rigor, el turista ya es un habitué del lugar y nunca a accedido a fumar, aunque se siente atraído por el pesado y dulce aroma que despide. Sentado en una mesa redonda en la calle, trata de sosegar el ritmo del Cairo en el bar Zio.
El café queda en una pequeña cortada de aproximadamente cuarenta metros de largo y con el ancho suficiente como para que no pasen cuatro personas a la par sin tocar los hombros combara las paredes. Empieza en el cruce de las avenidas 26 de Junio y Talahart y termina en el bar. El ambiente es inspirador, egipcios buscando alejarse de la vorágine de la urbe y paz por donde se mire. Las mesas redondas prestan al diálogo con cafés o shishas de por medio, los duelos de dominó y ajedrez son un clásico.
El visitante se destaca entre la multitud por sus ropas y modales, es conciente de ello, pero no es el único. Hace un par de días que observa que en una mesa cercana se sienta un hombre solo con apariencia similar a la suya. Tiene unos setenta y dos años, viste saco, corbata, chaleco, camisa, todo muy europeo, contrastando con las escuetas túnicas tradicionales. Tampoco accede a pitar pipa, todas las mañanas se sienta en el lugar, lee el diario, se fuma un par de cigarrillos “Cleopatra”y se va, todo en él denota clase.
El extranjero no podía con la perplejidad que le generaba éste extraño sujeto, su alma de periodista le llenaba la cabeza de preguntas que quería hacer pero no veía el momento. Un día el destino quiso que se sentaran en mesas contiguas y notó que hablaba claramente el inglés, por lo que inquirió.
- ¿Nuevo en la ciudad?
- No, hace algunos años que vengo por acá, vivo en Alejandría, ¿por?
- Me pareció que era de afuera, por su forma de vestir ¿vió?
- Ah, lo entiendo. No me siento cómodo en la galabía, además mi profesión me ha llevado a adoptar un estilo que con los años se me ha hecho habitual.
- ¿Abogado?
- Exacto, aunque ya me he jubilado hace algunos años. ¿Usted de donde viene?
- Soy argentino…
- Ah…las pampas patagónicas, me gustaría conocer más por esos lados, leyó algo de Borges ¿es argentino no?
- Por supuesto…
- Un desperdicio dejarlo pasar. Un gran valor…
- Ustedes tienen a Naguib Mafuz, que no es poca cosa …
- Sabe usted que Naguib, frecuentaba este bar.
- Mire usted.

La conversación se desarrolló naturalmente, por lo visto los dos extraños tenían mucho más en común que su forma de vestir, en seguida entraron en sintonía.
La tarde empezó a caer y el aroma del mercado de las flores impregnó el lugar. Recorrieron mentalmente lugares familiares y anécdotas. El abogado le habló de sus dos hijas, que lo acompañaban en El Cairo, de su descendencia drusa y de su profesión. Mientras tanto el periodista tomaba mentalmente nota de todos los lugares que le faltaban recorrer y la infinidad de historias que le quedaban por aprender.
De repente la fluidez con que se sucedían los temas se detuvo, un lugar despertó el interés de ambos por diferentes motivos, era El Alameid, famoso por la batalla del desierto donde las tropas egipcias vencieron a las del eje en una sangrienta batalla. El periodista había ido porque en la argentina tenía un vecino italiano que había participado en la batalla y siempre le hablaba del lugar; el abogado solía ir una vez por semana en las épocas de abogado ya que allí ejercía su profesión.
- La verdad es que si tengo que decir algo que me impresionó por sobre todas las cosas, fue el cementerio militar. Chicos de diecinueve y veinte años, unos pibes.
- Como todos los otros cementerios…
- Si, pero en este me pasó algo especial, no se cómo explicarlo…
- Si, me imagino.
- Por ahí sea la edad. Antes veía a la guerra como algo de grandes, pero cuando vi que los muertos tenían diez años menos que yo, me chocó.
- Además en El Alameid hay un clima especial difícil de explicar…se respira en el mismo aires.
- Exacto.
- Te cuento una historia que pasó ahí -con voz monótona y casi sin emoción en el rostro comienza a hablar-. Fue en el ’63, estaba en el estudio cuando me golpea la puerta el policía del pueblo, hombre bruto si los hay. Venía junto a dos monjes de unos cuarenta años, ojos azules, pelados y vestidos con túnicas. No sabían hablar árabe, así que solicitaban mi ayuda como traductor.
- ¿De inglés?
- Si, aunque eran alemanes de Bavaria que buscaban alojamiento.
- ¿Qué hacían por acá?
- Eran dos amigos de la infancia que habían participado de la guerra, en el primer frente de batalla, se imagina lo que debe haber sido aquello en la batalla de El Alameid donde casi no quedaron sobrevivientes. La cuestión era que en su momento tuvieron poca fe de salir con vida del bombardeo, por lo que se prometieron que si volvían a Alemania se harían monjes. No los tocó ni una bomba.
- Y habían vuelto para ver lo que quedó de la guerra…
- Esa es la segunda parte de la promesa. A los veinte años regresarían a visitar a sus amigos muertos. Les conseguí alojamiento y al otro día fueron al cementerio con obsequios, a la tarde irían a ver lo que quedó del campo de batalla, buscando el agujero donde se ocultaron para sobrevivir al bombardeo. La arena se había movido por el viento así que su búsqueda fue difícil, igual caminaron en los alrededores.
- ¿Pero no es peligroso caminar por esos lugares?
- Claro, son terrenos minados, uno de ellos pisó una de esas minas y los dos murieron en el acto. Los cuerpos me los trajeron a mí para que me haga cargo, yo era el único que sabía la historia y creyeron que era lo más prudente…los enterré junto con sus compañeros y me tomé el atrevimiento de cambiar la fecha de su muerte por la de la guerra. En el epitafio les puse: “Tarde, pero llegamos”.
- Murieron en el mismo lugar y con un artefacto de la segunda guerra…
- Estaban predestinados. ¿Ya anduvo por el canal de Suez?
- No, estaba pensando en ir para aquel lado…
- Es bellísimo, se lo recomiendo.

Mil veces YO

El pasto de los bosques reales iba abandonando el verde brilloso para trasformarse en un sepia insípido que anunciaba el principio de algo que evidentemente no era agradable. Con sólo mantener la vista reposada en el suelo uno preveía que se encontraría con un anti-oasis.
Todos habían oído hablar de éste laberinto pero nadie lo conocía en realidad, mucho menos su creador (quien había sido ahorcado en la plaza principal para que no revelara el secreto reposando en las penumbras).
Por afuera todo era tenebroso al estilo gótico, una enorme nube negra cubría todo resquicio por donde podría filtrarse una atrevida gota de luz. Siempre de noche, con tormentas amenazando constantemente y muros derruidos marcando el límite entre la realidad y lo oculto.
Se podía ingresar sólo por un enorme arco de macrocarpa. No era necesaria puerta para impedir la intrusión de curiosos -de todas formas nadie hubiese osado entrar por su cuenta. Un infinito pasillo descendía con escalones de media altura, se podían bajar de a tres con un solo paso, era imposible no trastabillar en ellos. Los lados de la escalera estaban recubiertos por enormes espejos que devolvían una imagen magnificada de quien se detuviese a contemplarse, las imágenes se repetían hasta el paroxismo.
A medida que se descendía el aire se hacía más denso y el clima más opresivo. Un fuerte calor, al estilo efecto invernadero, inundaba el interior; luego de veinte metros uno podía sentir que la sangre le hervía y la piel se tostaba. Proporcionalmente a la temperatura, aumentaba también la oscuridad, pero ésta era contrarrestada con la paulatina dilatación de las pupilas, transcurridos cinco minutos la claridad del día era historia antigua.
La última hilera de espejos tenía fuertes rasguños, como de un animal furioso, las marcas impedían reflejarse – lo cual era un alivio luego de doscientos metros de la misma imagen.
El fin del pasillo abría paso a un inmenso rectángulo de unos cien metros cuadrados; el piso era de arcilla roja, en los ángulos de las paredes quedaban resabios de un pasto que había sido gastado circularmente. En un rincón se amontonaban pedazos de tela mezclados con pastos secos a modo de cama. No había nada más, uno se perdía ante la similitud de los cuatro muros, nada los distinguía, sólo el acceso al túnel en la mitad de uno de ellos. Todo permanecía intacto, como había sido creado.
Del rectángulo no salían galerías o pasadizos, sólo el de ingreso. La imposibilidad de abandonar el laberinto residía en sus doscientos metros de espejos, la bestia no soportaba la idea de verse. Se procuraba que las personas apresadas se distinguieran por su belleza para que el minotauro se retorciera en su psiquis y viera su autoestima disminuida hasta la denigración.
Había intentado abandonar su cárcel más de una vez, pero al no soportar su reflejo intentó en vano destruirlo y poco a poco se fue sumergiendo en lo más profundo de sus pensamientos; desistiendo a la idea de integrarse a un mundo tan ajeno y distinto como inconquistable.

Disculpame Raúl

La vida de Raúl era sedentaria, sin mayores preocupaciones que las cotidianas ni aventuras como para contar en voz alta a sus amigos en reuniones sociales. Se limitaba a escribir, dar seminarios y refugiar su timidez en el afecto de su amada esposa. Era una maquinaria muy aceitada que no podía fallar.
Pero el orden se alteró. Aparece en escena el dandy Bioy Casares que le seduce a su mujer y lo sumerge en una ola depresiva. Raúl era un hombre atormentado, todo lo sabían, esta situación no sería fácil de remontar para una persona con nula vida social.
Leopoldo Torres Nilson, alias Babsy, se comienza a inquietar por la situación de su despechado amigo. Comentaba a diario con Beatriz Guido, su esposa, las vicisitudes del tema y pensaban posibles soluciones, pero es muy difícil levantar algo que no se deja estrechar.
Pasaron seis meses del desengaño amoroso, el teléfono de Babsy sonó.
- Hola, ¿quién habla?
- Soy Raúl.
- Que haces raulito tanto tiempo, justo con Beatriz nos estábamos acordando de vos…
- Que casualidad…bueno mirá te cuento que te llamo para pedirte un gran favor. Sos mi mejor amigo y no me podés fallar.
- A ver…
- Conocí una chica en un seminario de la facultad…
- Una piba… no me digas.
- No, está bien de edad y además muy bien dotada. Necesito tu departamento porque no tengo donde ir, sería unas horas nomás y a la tarde cosa que no te afecte ni a vos ni a Beatriz, no quiero joder a nadie.
Babsy tapa el tubo del teléfono con la palma de la mano y le habla por sobre el hombro a su mujer.
- Bety, ¿te molestaría que le prestemos el departamento a Raúl por la tarde? Podría mos ir a tomar algo por ahí mientras tanto.
- Estaría bueno, haber si de una vez se olvida de la mujer
Babsy retoma el teléfono.
- Bueno, está bien…
- Te parece bien el jueves de cuatro a seis de la tarde.
- Bárbaro, yo después te alcanzo una copia de la llave. Estaré volviendo tipo siete y cuarto, ¿te parece?
- Listo…desde ya un millón de gracias.
- No hay porque hombre, para que están los amigos.

Babsy paseo toda la tarde con su mujer por el centro y regresó a la hora prevista. El departamento estaba impecable, parecía que nunca había sido usado, la sorpresa fue enorme. Babsy se fue a la cocina para buscar algo para tomar cuando de repente escuchó un alarido desde el cuarto, era Beatriz. El cuarto era un verdadero desastre, sábanas rotas en tiras, sangre en las paredes, almohadas destruidas, el colchón colgando por uno de los lados de la cama, un cuadro dantesco, inexplicable.
Babsy no salía de su asombro, cómo el amigo había sido capaz de semejante cosa. El teléfono lo despertó del clima de contemplación-desconcierto.
- Hola, Babsy. Habla Raúl, antes que me digas nada te pido disculpas por el estado de tu cuarto, no te preocupes que yo te voy a reponer todas las cosas que se hayan rota.
- Pero… ¿vos estás bien?
- Mejor que nunca, no te preocupes.
- ¿Y la chica?
- Ah, no te imaginas lo que es…es una mujer tigre, increíble, insaciable.
- Me alegro por vos Raúl.
- Bueno te dejo y desde ya no te preocupes por nada que yo corro por los gastos, bastante hiciste por mí como para que te deje tirado en esta.
- No te preocupes por nada.
- Bueno, nos vemos.

Pasaron quince días y Babsy no tenía noticias de su amigo. El episodio empezaba a olvidarse cuando sonó el teléfono con Raúl en la línea. El motivo de la llamada era el mismo que hace dos semanas atrás, convencer a Beatriz ésta vez fue un poco más difícil aunque finalmente accedió. Misma hora, mismo día, mismo lugar, pero ahora con la promesa de por medio de que no pasaría lo mismo que la primera vez.
La pareja se va a tomar algo a un bar y cuando regresan se encuentran con el mismo escenario, incluso peor que antes, ahora hasta el colchón estaba agujereado y roto. Hasta la llamada de disculpas sonó en el mismo momento, mientras contemplaban el desastre. Tanto Babsy como Beatriz no estaban tan conformes con las explicaciones de Raúl, pero ¿qué opción le quedaba?
El ciclo de quince días se repitió pero esta vez ya no se preguntaban dónde se habría metido Raúl. La llamada no fue tan bienvenida como la primera vez.
- Es otra vez Raúl, quiere el departamento.
- No puede ser, otra vez no.
- Pero las otras veces repuso todo. Le tenemos que dar una nueva mano.
- Ya suena a tomada de pelo…
- Pero, capaz que no es culpa de él, por ahí la mujer es incontrolable y se le escapa de las manos.
- No se…
- Dale Betty…te llevo a ese bar que fuimos cuando éramos más jóvenes…el que quedaba en Palermo viejo que tanto te gustó.
- No.
- Por favor, es lo último que te pido.
- …
- No te pongas así, sabes que Raúl es mi amigo y necesita una mano. Si no lo ayudamos nosotros no lo va a hacer nadie.
- Esta bien. Pero con la condición de que esta vez quiero ver quién es la chica, al menos para conocer la cara de la que me destruye el departamento cada quince días.
- Bueno.
- Nos sentamos en el bar de enfrente y esperamos a que se haga la hora, así los vemos entrar.
- Bueno. Gracias.
- No te hagas el pobrecito, te conozco Babsy.
- Bueno.

Se hicieron las cuatro de la tarde y llegó Raúl. Viene sólo, en la mano trae una valija, abre la puerta y sube al departamento. La pareja observaba todo desde el bar con desorbitación, miran detenidamente a todos los que entran pero no hay ningún desconocido, todos vecinos. Beatriz mira bostezando su reloj: ya son las siete, por lo visto dejaron plantado a Raúl que abandona el departamento con la valija en la mano, ¿se habría cansado de los golpes, la pobre mujer?
Babsy toma la iniciativa y vuelve a su departamento. Todo estaba intacto pero no les importó, fueron directamente al cuarto y se encontraron con el infierno en tierra. Todo destruido, hasta los placares manchados con sangre, el colchón desecho y las sábanas para que detallar.
Beatriz estaba incontrolable y a Babsy le costaba ocultar su desilusión, no había consuelo posible. Llamó Raúl pero sus disculpas sonaron tan creíbles como diálogo de telenovela venezolana.
Pasaron unos días más y el departamento fue nuevamente solicitado.
- Babsy me tenés que prestar de vuelta el departamento…la chica del seminario me quiere ver hoy a la tarde.
- Esta medio chivo el tema Raúl…no te quiero fallar. Sabés que somos amigos, pero no depende totalmente de mí.
- Bueno, pero vos sabés que si querés convencer a Beatriz podés.
- La vez pasada ya la convencí, ésta lo veo muy difícil por no decir imposible.
- Disculpame, Raúl.

La lección de Georgio

Afionas es uno de esos lugares en los que la soledad y la tranquilidad comunican, nada pasa allí pero los que tienen la suerte de conocerlo no se olvidarán fácilmente. El turismo es escaso, por no decir nulo pero yo estaba parado allí contemplando el mar. No me interesaban las comodidades, paraba en carpa, estaba en busca de otra cosa.
El pueblo se encuentra en una isla del noroeste de Grecia, llamada Corfú. Es la más septentrional de las islas Jónicas y tiene una superficie de 593 km2. Un estrecho canal la separa del continente. La isla tiene un buen suministro de agua y los suelos son fértiles. Los principales productos son aceite de oliva, cítricos e higos, además de tejidos. La población se reparte entre estas actividades, la pesca y el contrabando con Albania.
Una tarde con mar de levante y nubes bajas sobre el océano, caminaba por el gran acantilado – de 80 metros de ancho por 80 de alto- que separa al pueblo de la playa, cuando divisé movimiento en un bar sobre la playa. Parecía una fiesta, se sentían gritos y por las ventanas alcancé a ver que bailaban zirtaki, de repente, sólo se escucho el ruido de una guitarra entre el sonido suave de las olas rompiendo en la costa. Bajé a ver.
Era la taberna de Georgio Bardis, un griego que era la principal atracción turística del lugar, la única en realidad. Como buen comerciante, vio la veta no explotada, se trasladó a Estados Unidos, juntó unos dólares y regreso a la isla para comprar una parcela de tierra y montar allí el único bar de Corfú. El ambiente era acogedor, la luz de velas daba intimidad, el anís y el vino blanco desataban el jolgorio y mientras la mujer de Georgio recaudaba en la caja. El público asistente era de lo más diverso, el turismo es sumamente heterogéneo y hasta la gente del lugar es difícil de clasificar. Las características de los habitantes de la isla son peculiares, una especie de híbrido de todas las culturas que alguna vez pasaron por allí.
Corfú fue colonizada por los corintios en el año 734 a.C. aproximadamente. Tras las Guerras Médicas, en las que la isla no tomó parte, las disputas con Corinto llevaron a los habitantes de la isla a aliarse con Atenas en el año 435 a.C., lo que contribuyó al estallido de la guerra del Peloponeso. En el año 229 a.C. la isla cayó bajo dominio romano. Fue parte del Imperio bizantino hasta el siglo XV, cuando pasó a ser ocupada por los venecianos (que la llamaron Corfú) que la retuvieron hasta 1797 a pesar de varios ataques de los turcos otomanos. En 1815 se convirtió en un protectorado británico y en 1864, en una parte de Grecia. Durante la I Guerra Mundial, en 1916, los franceses tomaron posesión militar de la isla temporalmente para proporcionar un refugio al agotado ejército serbio. En 1917 se firmó en la isla la Declaración de Corfú, que establecía la creación del Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos. En 1923 Benito Mussolini envió fuerzas navales a bombardear la ciudad de Kérkira y a ocupar la isla, pero las tropas fueron evacuadas ese mismo año. Durante la II Guerra Mundial, la isla fue ocupada por fuerzas italianas y alemanas hasta que en octubre de 1944 tropas griegas y británicas la reconquistaron.
Me senté en una de las mesas y ordené un vino, pero la fiesta estaba terminando. Sin embargo, la actitud de Georgio con su guitarra contemplado atónitamente por decenas de visitantes fue una imagen que me intrigó al punto de que al otro día fui el primero en llegar y ocupar los mejores asientos. Las bebidas corrían y el alboroto se generalizaba, el espíritu griego se palpaba en la algarabía de los bebedores. Me tomé dos litros de vino y estoy en condiciones de afirmar que era el más fresco del lugar. De repente, más o menos a la misma hora que la otra noche, Georgio agarró la guitarra, les hizo una seña a los mozos para que dejaran de servir y empezó -en correcto inglés- su alocución, la gente lo contemplaba en igual o mayor silencio que la vez anterior.
- Les voy a contar la historia de los amantes de Afiona. Es algo verídico así que les pido que guarden respeto por lo que van a escuchar y atiendan a los detalle porque cualquier cosa que yo les diga podrá ser chequeada luego en el pueblo que guarda las marcas de lo ocurrido.
Eran dos chicos que crecieron en el pueblo y se amaron mucho. Venían ambos de familias pobres, la de ella cultivaba olivos y la de él era de pastores de cabras, no tenían proyectos, ni un lugar adonde vivir. Pasaban las tardes caminando de la mano por el pueblo. Un día de mar de levante, con la playa cubierta de bruma, cansado de su situación, Mario decidió viajar a Estados Unidos para juntar plata y volver con Maria, su amada.

Georgio interrumpía la historia únicamente para pasarse de vez en cuando la mano por su cabeza redonda y rapada. Era un gran orador, sabía como tener a su audiencia cautiva sin perder la naturalidad de su relato. Se sirvió un trago de vino y volvió a acomodar su robusto cuerpo sobre la banqueta de patas altas, apuntó sus ojos azules hacia el vacío y prosiguió con su relato.

- Pasaron los días y María se empezaba a desesperar por la falta de noticias de su amado. Al mes y medio llegó la primera carta, se iba a ir a Canadá para juntar más plata. La mujer mataba los días tejiendo con su madre, pero su cabeza no podía olvidar a Nico. Al poco tiempo llegó una nueva carta, el hombre se mudaba más al norte, fue la última noticia que tuvo. No llegaron más cartas durante un año, María le escribía pero sus cartas eran devueltas por no encontrar al destinatario. Una tarde, con mar de levante, María se vistió de novia se fue al acantilado, se paró en la piedra más alta – que ahora tiene una cruz si quieren ir a verla- y se tiró. Su cuerpo fue encontrado en la playa, la enterraron vestida de blanco como la habían encontrado.
A los cuatro meses, Nico volvió al pueblo con plata para poder irse a vivir con su amada. La noticia lo demolió, no había dejado de pensar en ella, las cartas eran devueltas porque el muchacho estaba en un lugar remoto de Alaska donde la correspondencia no llegaba. No había escrito porque no quería pensar mucho en María para que el tiempo pasara más rápido. La gente del pueblo lo ha visto vagar por las calle borracho, sin consuelo, frecuentemente iba a visitar la piedra desde donde se había suicidado su amada y no podía creer lo que estaba viviendo. En una de esas visitas, la pena lo superó y saltó al vacío.

Georgio hizo una larga pausa en la que aprovechó para tomar de un sorbo medio vaso de anís que le quedaba y prosiguió.

- Su cuerpo fue encontrado en el mis o lugar que el de María. Se los enterró juntos. Si van al cementerio van a ver que las tumbas siempre tienen flores.

Georgio deja caer un par de lágrimas, le pega un rasguido a su guitarra y propone un brindis por los amantes de Afiona. El público, moqueando y secándose las lágrimas con las servilletas de la taberna, levanta sus vasos respetuosamente.
Era una de las historias más bellas que jamás hubiese oído. Al otro día decidí seguir el itinerario propuesto por el orador para reconstruir los acontecimientos. Las tumbas no las pude encontrar, la piedra estaba allí pero no había ninguna cruz ni nada por el estilo. Me llamó la atención pero no quise desconfiar de las emociones y la fuerza del relato de Georgio.
Me quedé un mes en Afiona, la visita a la taberna se me hizo rutina y llegué a consustanciarme con la historia al punto tal que sabía los momentos en que el orador haría una pausa o levantaría la voz, igual nunca dejaba de sorprenderme. Terminé haciéndome amigo de Georgio, era un gran tipo, calmo y, como todo cantinero, apresto a hablar horas sin tener algo importante que decir. Las anécdotas brotaban de su boca como una incontenible catarata de montaña. Era una persona apasionante, se esas que a uno le gustaría tener en una cajón de la mesita de luz y sacarla cada vez que está aburrido.
Un día tomé coraje y le conté de mi infructuosa búsqueda de las tumbas y la cruz. Georgio río moderadamente, puso su enorme mano en mi hombre y casi en un susurro me confesó: “son todas mentiras para que la gente se quede y consuma un poco más. Además no vienen ávidos de tragedias griegas, bueno yo les doy una para que le cuenten a sus amigos en sus respectivos países, y todo de manera gratuita”.
Mi asombro fue tal que no sabía si sonreír o reprocharle por haber manipulado de tal forma mis sentimientos. Que importaba, de todas formas lo que interesaba era qué extraía uno como enseñanza en la historia de los amantes de Afiona y les puedo asegurar que luego de escuchar la tragedia muchas cosas cambiaron en mí, y no fui el único.

En paz descansemos

Como te envidio hermano mío, o debo llamarte sólo minotauro. Tu prisión tiene límites físicos que te permiten despejar la mente y dar rienda suelta a tu libertad espiritual, la mía es mucho más densa e insoportable.
Tú has tenido que soportar la ira del rey en todo su esplendor yo, en cambio, todos sus pesares y reclamos. He pasado a ser la víctima de sus reproches y caprichos, un simple reemplazo de nuestra madre.
Me imagino que te has preguntado más de una vez el por qué de tus desdichas, no eres culpable de nada, pero mi cobardía me impedirá aclararte la disyuntiva. Quizás jamás podamos hablar, aunque hay cosas que es mejor no conversar, ya vez, “saber las cosas no es como escucharlas. Saber sin palabras, las cosas misma adheridas al corazón, nos abriga de sus imágenes como un escudo”.
Los dos somos conscientes de lo que ha hecho nuestra madre, pero, ¿podremos perdonarla alguna vez si no hacemos más que recordar su pecado? Hay tantos momentos gratos dignos de rememorar y que me gustaría contarte, oh hermano.
El rey es igual de pecador que mamá (quizás más) pero… ¿quién se atreve a juzgarlo? Mortificar es su trabajo. Quien esté libre de pecado que arroje la primera piedra, dice un dicho muy usado en las afueras del laberinto.
Yo por mi parte, no pienso en otra cosa que en el momento de nuestro encuentro. Pero no me atrevo a romper las trabas que me impiden llevar adelante la empresa. Estoy impedida por muros que son mucho más altos que los que te enclaustran, barreras que ninguna catapulta puede destruir, que se cierran sobre mi asfixiándome, oprimiéndome y coartando mi libertad.
¿Por qué no podré enfrentar al rey? ¿Por qué no me atreveré a mirar a los cortesanos a los ojos? ¿Por qué me siento culpable? ¿Por qué te quiero, oh monstruosa criatura? ¿Por qué sueño con que mi padre es un simple campesino que me abraza como a cualquier hija de vecino? ¿Me animaré alguna vez a decir todo esto en voz alta o seguiré siendo una cobarde? ¿Sería feliz si Teseo en vez de matar al minotauro mata a mi padre, el temido y omnipotente rey Minos?
Cada minuto que pasa es un momento menos que compartimos juntos, no puedo descansar en paz pensando en nuestra incipiente distancia. El único consuelo que encuentro es que el cariño, que tanto me escasea en la ciudad, se encuentra apresado tras los muros del laberinto. No me atrae la idea de morir sola, en un mundo distante.
Significas mucho más para mí que la imagen de un simple hermano, materializas la incomprensión, la injusticia, el castigo, la represión, el desamparo, el prejuicio; te has transformado en un icono de todo lo que padezco pero que nadie nota. Yo me identifico con tu causa pero nadie se percata de ello, me reducen a nimiedad, a mera rebeldía adolescente. Ojalá estuviera encerrada en el laberinto contigo.
Hoy me despedí de Teseo con una consternante sonrisa en mi rostro ¿se debe a que la muerte aliviará la desdicha de tu encierro o será que finalmente me estoy liberando de la carga que significa tenerte a tan poca distancia de mí y no atreverme a visitarte? Nunca me perdonaré la idea de pensar en el asesinato como una forma de emancipación, pero no puedo dominarlo, fueron años de martirio psicológico. Tu eres la prueba viviente del pecado de nuestra madre que no deja de rondar, cual alma en pena, los pasillos del castillo y las calles de Creta.
Creo que estoy siendo egoísta por primera vez en mi vida, ¡estoy actuando como el rey!, pero ya ves, no encuentro otra alternativa, tu muerte significa mi libertad, mi nacimiento, mi nueva vida, cortar con la única cadena que me impedía librarme del temido Minos. Nuevamente: ETERNAS DISCULPAS.

El suicidio

“El pez por la boca muere, los pecados se pagan en vida, temed la ira del rey…” Pasifae jugaba a recordar frases que resumieran su situación. Desde una pequeña mecedora, tan pequeño como su decoro, una diminuta y pálida figura contemplaba desde su habitación las grises calles de Creta que le devolvían sus tribulaciones con un rencoroso y acusante silencio.
“La paz interior no se compra ni con todas las joyas del reino…”, el Leviatán se urgiría a censurarla y caería con todo el peso de sus demandas sobre sus hombros; solidarizándose con la indignidad de un rey tan odiado como temido.
“Si no tienes nada que decir, mantén la boca callada…”, erizada ante cada ruido que sentía en los largos pasillos del castillo, se balanceaba en la silla abrazando sus rodillas contra los pechos, otrora impolutos ahora vergonzantes. Esperaba que apareciera Minos el rey, como su verdugo implacable más no como el venerable esposo que solía llorar en su regazo en épocas de guerra. Quería el castigo, lo merecía y no podía vivir con la culpa de no haber sido una reina digna.
La puerta se abre sigilosamente, la justicia nunca es tan vacilante cuando uno quiere ser castigado, un distante Minos se materializarse en el umbral, se mueve entre sombras por la enorme habitación y se sienta al lado de la mecedora sin decir palabra.
Diez largos minutos se eternizan en silencio. Todo está dicho, el rey lo comunica con su mirada en el piso y la reina con el rechinar de sus dientes.
Minos: – ¿Cómo pudiste, oh amada mía, con todo lo que te he dado?
Pasifae: – …
Minos: – Ya nada me queda, siento las miradas en la corte, en la calle, ahora mismo. No puedo vivir, me resisto a creer pero las pruebas son tan monstruosas como contundentes.
Pasifae: – …
Minos: – Al menos dí una palabra, tu silencio es mi celda y mi tortura…no creo que tengas nada para decir, impía.
Una lagrima, rueda por la mejilla de Pasifae, habla por ella y dice mucho más de lo que el rey se espera.
Minos: – ¡Llora todo lo que quieras, de nada te servirá para remedar tu pecado mortal!, serás levada a la isla más remota del reino, para que mueras en soledad y con el remordimiento en tu conciencia. Tu mismo recuerdo te decompondrá por dentro hasta que agonices desvastada con tu cuerpo infiel como única pertenencia.
Pasifae: – …
Minos: – ¡Habla de una maldita vez o te daré un hostiazo por adelantado!… que no comprendes mi pesar o simplemente no te importa.
El rey se desploma de rodillas frente a la mecedora, su cuerpo se estremece y sujeta por los codos a Pasifae. La mujer cierra los ojos y frunce la boca esperando el golpe pero se sorprende al ser abrasada. Lo que tenía está por suceder…
Minos: – ¡No lo merecía, porque lo has hecho, ya no podré volver a ser el mismo! Te has burlado del rey, te debería odiar pero no puedo, como puedes ser tan hermosa y vil, oh daga de doble filo.
Pasifae: – Acepto tu castigo, me haré cargo de lo que me corresponda.
Minos: – Eso es todo lo que tienes que decir. Hablas como un plebeyo que no ha rendido tributo.
Pasifae: – Es que así me siento, alteza.
Minos: – Tu distancia, no hace más que incrementar mi ira, ¡en que te has convertido!
Pasifae: – En una pecadora…
Minos: – ¡Calla! No quiero escucharte ni que me expliques. Debería ahorcarte en la plaza central para que todos me vuelvan a respetar, aunque creo que ni eso serviría.
Pasifae: – Conozco la ira del rey y estoy dispuesta a aceptarlo.
Minos hunde su cabeza en los pechos de la reina y un débil sollozo se escucha desde lo más recóndito de su cuerpo, se esfuerza por controlarlo pero no puede. Sumerge su humanidad en la de ella tratando que su pesar sea correspondido.
Pasifae: – Te suplico que seas lo más diligente que puedas, ten piedad no me alargues la agonía. Cada momento en pasa es una parte de mí que muere…
Minos: – Quiero que sufras tanto como lo hago yo, pecadora.
Pasifae: – Cada minuto que pase será es una daga que te autoinfliges. Deja de flagelarte Minos, podrás recuperarte, confía en mí…
Minos: – ¡Ja! Confiar me dices, ¡como te atreves a ser tan cínica!
Pasifae: – Por favor, apiadate de mí.
Minos: – Abrásame por última vez…
Pasifae: – Esto no nos hace bien a ninguno de los dos Minos, te lo imploro, si no es por mí, hazlo por ti.
Minos: – Mañana serás llevada al amanecer en un barco a una isla remota, con los ojos vendados para que no puedas volver jamás…
Pasifae: – Véndalos bien, odio las despedidas.
Minos: – ¡Calla! Quiero poder verte como un castigo, quiero poder ser tu juez, témeme, imploradme, pídeme piedad, arrodíllate, ¡maldita seas!
Pasifae: – …
Minos: – No me será fácil perder a mi amada y única confidente, pero no puedo dejar de ser rey y mucho menos puedo dejar de ser hombre, Creta y sus colonias me observan, debo ser su guía y ejemplo. Dí algo, ten piedad.
Pasifae: – Siempre te amaré, perdón mi rey por no haber sido digna de tu amor.
Minos sujetó las manos de la reina y la besó fuertemente en la boca. Ese sería su último contacto físico, pero su imagen quedaría encerrada en un laberinto que nunca pudo ser descifrado. El temido rey nunca volvió a ser feliz.

¡Me estas hablando a mi!

La noche estaba hirviendo y el aire pegajoso. La paciencia se acortaba y los cigarros se sucedían sin parar, una densa nube de humo invadía toda la habitación. La conversación había sido suspendida hacía veinte minutos, nos mirábamos en silencio sabiendo que pensaba el otro pero sin decirlo en voz alta.

Me habían llegado rumores acerca de los antecedentes de mi acompañante, sentado a tan sólo una mesa ratona de distancia, sabía que lo mejor era no importunarlo.

Me clavaba la vista como rogando mi intervención, yo le esquivaba la mirada. Para colmo estábamos los dos solos en una habitación insulsa sin mayor decoración que unas cortinas frente a las ventanas, ya no tenía adonde mirar.

Ni los grillos se atrevían a cantar ante la intimidante 48 que blandía en su mano. En estas ocasiones solía replantearme la vida. Si hubiera estudiado como me aconsejaba mi padre…

- Bang!!!- el sonido gutural de su voz me hizo saltar de mi asiento. Me apuntaba con el arma, mientras revisaba las balas que le quedaban. No quedaban dudas, manejaba mi miedo y ahora estaba jugando con él. Le festejé el chiste cordialmente y me levante a mirar por la ventana.

- Está nervioso compadre, ¿no pensará que me las voy a tomar contra usted, no?

- No para nada, pero el retraso me pone impaciente, suele ser muy puntual.

- Bueno hombre, siéntese acá a mi lado y sorbe un trago de ginebra- me alcanzó una petaca de metal que sacó de su curtido gamulán.

- Gracias, no bebo mientras trabajo.

- Es pa’ sacarle el cagazo nomás.

- Quien dijo que estoy cagado, no es mi primera vez, ni será la última.

- Bueno hombre, no se me retobe, era un comentario. No nos vamos a poner ariscos recién empezados a conocernos, ¿no le parece?

No le respondí y volví a sentarme a mi sillón, me estaba poniendo a prueba y yo no podía empequeñecerme. Era la primera vez que un tipo con sólo acomodarse el ala del sombrero me hacía estar alerta. No podía descuidar movimiento alguno.

Nos contemplamos por los siguientes diez minutos, la verdad no me interesaba hablar con semejante bandolero, medía mis palabras temiendo hablar de más. Lo único que quería era que recibiera lo que había venido a buscar y se marchase.

Me acerqué nuevamente a la ventana y las calles permanecían desoladas, las salteadas luces de la calle hacían el paisaje aún más desolador. Fue la primera vez en toda la noche que se me cruzó por la cabeza la idea de que me podrían haber dejado de garpe….

Que siga el baile

Luego de la tragedia de Cromañon, una verdadera ola de clausuras e inspecciones sacudió a los establecimientos nocturnos. La pelea por las habilitaciones es feroz y ya se cobró las primeras víctimas.

Sería redundante aclarar que las leyes son atemporales y que fueron hechas para ser cumplidas, no importe las circunstancias ni los atenuantes –en el caso de la seguridad, por supuesto. Sin embargo, la realidad nos muestra una situación muy ajena a la lógica de la razón.
Nuestro país cuenta con organismos específicos destinados al control urbano con normativas y códigos para organizar e inspeccionar los diferentes recintos aptos -o no-para la concurrencia masiva, tales son los casos de la dirección de Habilitación, Obras Particulares y Control Urbano. Su tarea se complementa con la de bomberos que se encargan de elaborar informes técnicos de acuerdo a normas de seguridad antisiniestrales preestablecidas.
Estos organismos no son nuevos, pero su función se ha visto extendida en los últimos meses. De ser meros pasos previos para habilitar un local, pasaron a ser organismos activos de control -función que por cierto nunca deberían de haber dejado de hacer-, llevando adelante verdaderas cacerías. Este cambio no fue casual sino un mero producto de las circunstancias.
Ocurrida la tragedia de Cromañón el 30 de diciembre del 2004 (ver recuadro aparte) los controles sobre los boliches bailables ganaron terreno dentro de la opinión pública en todo el país. Percatándose de esto, Control Urbano de la ciudad de La Plata, al mando de su director Luis Patiño, en tan sólo dos meses (los correspondientes a enero y febrero del corriente) clausuró más de cuarenta locales comerciales. Los rubros inspeccionados fueron bares, cafeterías, restaurantes, salones de fiesta, centros culturales, boliches bailables, almacenes y supermercados. Además, se realizaron controles en eventos de convocatoria masiva, como recitales musicales, partidos de fútbol y carreras de automovilismo.
La cantidad de irregularidades encontradas daría cuenta de una abulia por parte de los organismos de control en los meses anteriores o un auge desmedido de las irregularidades.
Los principales motivos de contravención fueron ruidos molestos, exceso de capacidad, venta de alcohol a menores y falta de habilitación para el rubro. No obstante los grandes resultados, las inspecciones no fueron igual de efectivas en todos los lugares. Los efectos obtenidos no fueron los previstos, lugares tales como centros culturales o de estudiantes pasaron a ganar el centro de la escena. Al ver minado sus recintos naturales (boliches, bares o pubs) las expresiones culturales de convocatoria masiva tuvieron que trasladarse a nuevos terrenos. No porque estos cumplieran con los requerimientos de Control Urbano sino porque las vigilancias allí no eran tan exhaustivas.
A partir de Cromañon, los controles se han incrementado, pero ¿ha cambiado realmente la situación de los irregulares?
Una mirada optimista celebraría: “más vale tarde que nunca”. La realidad, en cambio, nos indica -siguiendo la línea de los dichos populares- que: “hecha la ley…”.

La movida del verano

La dirección de Control Urbano de la Municipalidad de La Plata y la dirección de bomberos de Buenos Aires emprendieron, a partir del primer mes del corriente año, una tarea faraónica: efectivizar en todos los locales o establecimientos de la ciudad las medidas de seguridad contra siniestros establecidas por el Ministerio de Seguridad.
Las mismas se aplicarían tanto a confiterías bailables, discotecas, discos, salas de baile, clubes, confiterías, bares dancing, pubs, cabarets, boites y demás locales donde se realicen actividades similares.
Dentro de los requisitos que debían tenerse en cuenta para la habilitación del lugar hay una distinción entre aquellos que atañen a bomberos y los que son responsabilidad de Control Urbano.
Este último, una vez aprobado el examen del primero, tendrá que dar el visto bueno final y definir la capacidad del lugar, con todas las medidas que esto implica (por ejemplo el artículo 3 del decreto número 12 del gobernador Felipe Sola que insta a exhibir en el frente del local el anuncio al público con inscripción claramente visible de la cantidad de personas para lo cual fue habilitado de acuerdo a la ordenanza que impone una persona por metro cuadrado).
El examen de bomberos es más minucioso y consiste en el control que las normas de seguridad del local funcionen. Los establecimientos deberán estar construidos con materiales incombustibles, pudiendo resistir sin derrumbarse al fuego de los materiales que contengan, permitiendo la evacuación de las personas. El titular del local estará obligado a informar a los concurrentes al mismo, sobre las medidas de seguridad y roles de emergencia. En cuanto a los extintores, se controlará su ubicación, cantidad, tipo y capacidad, según las características y áreas del establecimiento. También, las puertas de emergencia serán de doble contacto, con cerradura antipánico, abriendo en el sentido de la evacuación para no disminuir ni invadir el ancho de paso. Por mencionar sólo algunas entre tantas otras.
Prácticamente todos los bares relacionados con expresiones culturales no pudieron aprobar las pruebas. Muchos fueron clausurados preventivamente, hasta que regularizaran su situación. La salida más usual fue desistir a la idea de organizar espectáculos, ya que de las infracciones por cuestiones de seguridad la más común es que se exceda la capacidad del lugar. Se regularizaron las medidas básicas y se adaptaron los lugares para lo que se les permitía.
Sin embargo, la situación no fue para todos la misma, los centros culturales permanecieron con sus actividades cotidianas (que incluyen eventos de concurrencia masiva) y aparecieron establecimientos clandestinos que no son alcanzados por los controles municipales.

Patiño go home

A pesar de la cruzada emprendida por el director de Control Urbano, el agua se le escurre entre las manos. Los controles son insuficientes y el acecho a los grandes bares no hizo más que generar un circuito under, tan concreto para algunos como invisible para otros.
Uno de los exponentes de esta nueva modalidad es “La galería del rock”, un ex local comercial ubicado al fondo de una galería (valga la redundante aclaración) en la calle 49 entre 4 y 5. Allí, todos los fines de semana se organizan recitales que son publicitados libremente en afiches por todas las paredes de la ciudad y mediante folletos.
Haciéndonos pasar por integrantes de una banda de rock accedimos a una conversación off the record con un importante organizador de eventos relacionado al lugar. Informalmente nos confesó que durante la fiesta “Fumalandia”, en la que tocó la banda “Predicador Solar”, se “metieron” 400 personas cuando el lugar, de cumplir con las normativas vigentes, estaría habilitado sólo para 150. Para peor, agregó que para tocar ahí hay que pagar $120, de los cuales la mitad se destina al dueño y la otra parte a “arreglar” con la municipalidad.
Otro de los lugares irregulares es el Viejo Variete, ubicado en la calle 49 entre 4 y 5 número 484. Este, a diferencia de la Galería del Rock, sí fue inspeccionado por la municipalidad pero su situación es evidentemente ilegal.
Todos los miércoles en un sótano se organizan recitales, no hay promoción porque no quieren que los inspeccionen. Se desciende por una escalera de madera de medio metro de ancho que da a un escenario, enfrente de este se agrupan las sillas. No hay salida de emergencia ni extintores visibles.
Pero esto no es todo, chequeando las actas contravencionales se observa que el lugar fue inspeccionado dos veces, el 3 y el 17 de febrero de 2005. La primera denunció que el local estaba funcionando sin la autorización de bomberos demandando una clausura preventiva; la segunda procedió al desalojo del recinto por estar actuando un grupo en vivo en el momento del control. El Viejo Variete, como reincidente en la contravención, según el artículo 8 y 9 del decreto número 12 del gobernador Felipe Sola debería haber sido sancionado con el máximo de las penas correspondientes a multas y clausuras, cien mil pesos para la primera y ciento ochenta días para la segunda. A simple vista no se cumplió ya que el local debería haber permanecido cerrado hasta el 17 de agosto del corriente.

“Vendemos alcohol, pero no tanto”

Los Centro Culturales son un caso que vale la pena detenerse a observar con detenimiento. Las leyes y normativas vigentes se les aplican pero de una manera más “light”.
Dentro del código civil aparecen como asociaciones civiles, por lo que los controles de seguridad no se hacen con la misma minuciosidad que en bares o boliches. En las inspecciones de bomberos solo se les exigieron las condiciones básicas de seguridad (comos ser matafuegos, salidas de emergencia, cables eléctricos por fuera del edificio, verificación que la construcción este hecha con materiales a prueba de fuego). Una vez superadas estas se les dio la habilitación.
En lo que no se repara es en las actividades de concurrencia masiva que pueden llevar adelante, como obras de teatro o recitales. No hay control sobre la capacidad de los lugares, ni las actividades que se desarrollan. Espacios como el centro cultural Islas Malvinas o el centro cultural El Nacional son habituales sedes de recitales de todo tipo.
El encargado de El Nacional nos confirmó que todos los sábados de organiza un ciclo de blues, llamado “Club de Blues Local”, con bandas de Buenos Aires. “La entrada corre por cuenta de los músicos”, se ataja antes que nada.
Recordemos que las asociaciones civiles según el capítulo II, sección primera, artículo 166 del código civil, no pueden perseguir como fin principal el lucro. Tampoco puede tener por fin el lucro para sus miembros o terceros.
Para peor se comprobó que El nacional vendía alcohol sin tener la habilitación para dicha actividad. “La quisimos pedir pero al no estar nomenclados bajo ninguna figura apta para la actividad, no nos la dieron. Igual vendemos, pero no tanto, con moderación”. A la irrisoria defensa del encargado con respecto a la venta de alcohol, hay que sumarle una última afirmando que se trata de gente grande y poca la que asiste por lo que no habría problema. Cierto nos olvidamos que los años le proporcionan al cuerpo un revestimiento antiflama.
Como diría el tristemente célebre Bernardo Neustad: “si vamos a meter la mano en la lata que sea poquito y que no se note”.
El nacional evidentemente tiene fines de lucro y organiza eventos para los cuales los recaudos deberían ser mayores. Su figura de asociación civil lo ampara y le da un aire naif a actividades que deberían ser reglamentadas como cualquier otra.
Evidentemente los controles llevados adelante por Control Urbano, sin dudar de sus legítimas intenciones, no han sido del todo efectivos. En vez de ordenar y reglamentar el espacio destinado a las expresiones artísticas, se transformó en una cacería de brujas que perjudicó a muchos lugares que quisieron estar en regla y sacó a relucir, como tantas otras veces, la mal llamada viveza criolla. Aquellos que pudieron encontrar la forma de evadir los controles o superarlos impunemente son los que se apoderaron en definitiva de todo el circuito de eventos nocturnos platenses.

Asesinato democrático

El 31 de diciembre del 2004 el boliche República Cromañon se incendió y generó la mayor tragedia no-natural de la República Argentina, 193 personas murieron en un incendio en una discoteca. La tragedia se produjo cuando es un recital del grupo Callejeros se prendió fuego, a causa de una bengala, la capa de materiales que se usaba para que el sonido no se expanda y las muertes se dieron cuando la gente se encontró en un espacio con las salidas de emergencia bloqueadas con candado para que no entren gratis.
Dentro de los detalles más remarcables figuran: la capa de materiales que se incendió era altamente combustible (básicamente materiales plásticos y pegamento epoxi que fijaban estas al cemento de la construcción); las salidas de emergencia estaban cerradas con candados y, encima, se abrían para adentro; no existían extintores en el recinto; la capacidad de la sala era menos de la mitad de las personas que efectivamente estaban adentro; el lugar no tenía habitación para funcionar; el lugar no había sido inspeccionado; parte del público llevó pirotecnia (bengalas y tres tiros) para “festejar”; el gobierno de la ciudad recibió, 5 meses antes, dos informes que señalaban las deficiencias del sistema de control de locales públicos.
193 golpes a la puerta de la sensibilidad de nuestros gobernantes fueron necesarios para que se lanzaran a inspeccionar las normas de seguridad.

Las eternas sospechas

Los últimos meses han visto a la ciudad envuelta en una polémica de acusaciones cruzadas que implicó a la municipalidad y a las principales empresas de publicidad de La Plata. El diario “El Día” se encargó de insertar el tema en la opinión pública a través de acusaciones en solicitadas a cargo de la “Cámara de empresas de publicidad en vía publica” y la defensa respectiva de la “Cámara Argentina de Publicidad en Vía Publica”.
El conflicto surge a partir de llamado a Licitación Pública Nº 7, en relación al “Mantenimiento de refugios peatonales del transporte público de pasajeros con explotación publicitaria”. Las empresas de La Plata acusan al municipio de que existirían en los pliegos irregularidades que beneficiarían a ciertos grupos empresarios y que, a la vez, otorgarían a la comuna un poder desmedido sobre los afiches en la vía pública.
Disconformes por la situación, presentaron un recurso de amparo en el juzgado de el juez Luis Federico Arias, titular del Juzgado Contencioso Administrativo Nº1 de La Plata. El demandante es la empresa “GOOD TIME S.A. y el demandado la Municipalidad de La Plata.
Las cláusulas impugnadas conculcan los principios de libre concurrencia, competencia e igualdad en el procedimiento licitatorio. Por ello solicita – como medida cautelar- que se le ordene a la demandada abstenerse de celebrar el acto de apertura de ofertas en el proceso de Licitación Pública Nº 7, hasta tanto recaiga sentencia definitiva en este proceso.
Actualmente la medida, ejecutada el 22 de junio, ha parado la apertura de sobres y la municipalidad prefiere mantenerse en silencio por estar en etapa preelectoral y no querer verse perjudicada por un conflicto con una empresa local, según palabras de Tejiachi, director de la Unidad Ejecutora de Regulación y Contralor de la Comunicación y la Publicidad de La Plata.
El amparo se centra en dos aspectos: uno vinculado a la construcción y/o remodelación de un total de 327 refugios peatonales destinados a pasajeros del transporte público; y otro destinado a la explotación publicitaria de 500 cercos de obra y 500 cercos en terrenos baldíos. Ambos serían incluidos en una especie de paquete que le permitiría a la empresa ganadora explotar la totalidad de la publicidad en la vía pública.
“Se advierte asimismo que el pliego no establece un anteproyecto ni un mínimo detalle de diseño de los refugios, situación que importa una clara indeterminación del objeto, a la par que, en la valoración de la oferta se asigna a ese ítem el mayor puntaje, librando su ponderación a la exclusiva y amplia discrecionalidad de la administración contratante, sin establecer parámetros objetivos de comparación (art. 12 inc. 2 de las Condiciones Generales)”, sostuvo Arias al justificar su decisión.

Dos al precio de uno

La inclusión de los cercos dentro de la licitación de los refugios peatonales presenta varias irregularidades que se encuentran eficazmente disimulada tras un manto de inocencia, “se nos escapó que quizás algunas empresas estarían sólo interesadas en los cercos de obra” afirmaría Tejiachi.
El nombre del pliego mismo ya omite información fundamental para el interés de los solicitantes en tanto se circunscribe a un único objeto: los refugios de transporte, de lo que no puede deducirse la inclusión de permisos para cercos de obra y baldíos: “Mantenimiento de refugios peatonales del transporte público de pasajeros con explotación publicitaria”.
Por otro lado, el disponer con exclusividad de los cercos de obra y en terrenos baldíos es a todas luces una irregularidad. Al emplazarse en frentes de propiedades privadas, la publicidad depende de la autorización que al efecto otorgue el dueño del predio respectivo. En este sentido José Luis Olaverria, de la empresa X La Plata, expresa que los propietarios de las obras pagan a la municipalidad por el uso de la vereda y por lo tanto tienen derecho a explotar de manera independiente ese cerramiento.
Asimismo, la inclusión en el objeto de la publicidad en cercos de obra y terrenos baldíos generaría en el adjudicatario una implícita exclusividad sobre ellos, contrariando la normativa vigente (Ordenanza 9880 y su decreto reglamentario Nº 636/05) que resulta abierta a todas las empresas de publicidad.
Basándose en ésta ordenanza, Olaverria, considera una contradicción el Artículo 12 de la licitación: “No podrá realizarse publicidad ni consecuentemente requerirse permiso para colocarla, en cercos o cerramientos correspondientes a obras en construcción y/o terrenos baldíos, salvo que se produzcan los siguientes supuestos:
- Cuando el elemento de sostén y/o pantalla responda al diseño, sistema constructivo, materiales, colores y magnitudes aprobados por el departamento Ejecutivo como resultado de su presentación en un llamado a evaluación de propuestas o licitación con concurso de propuestas, en el que haya resultado seleccionado el concursante.” La libre participación de las empresas se verá restringida por el accionar del municipio.
Es una licitación que generaría un monopolio en la práctica de la actividad, ya que solo la empresa ganadora podrá explotar los refugios y las pantallas de la publicidad.
Este problema es propio de la nueva licitación. Anteriormente, el artículo 11 del decreto 636, disponía el llamado a licitación para el mantenimiento de refugios peatonales de transporte público y su explotación publicitaria; mientras que el artículo 12 daba lugar a un segundo llamado a licitación para la explotación publicitaria de pantallas en cercos de obra y terrenos baldíos. Actualmente la comuna ha convocado a ambas cuestiones en un único llamado, la licitación pública número 7: que establecerá en la práctica un monopolio de explotación publicitaria.

El verdugo

Un punto en el que todos los entrevistados coinciden es en la arbitrariedad y los recelos que despierta el comité evaluativo de proyectos. La municipalidad expresa que evaluará una comisión formada por funcionarios municipales, en lugar de profesionales en la materia.
Tampoco expresa bajo que criterios calificará los proyectos que caigan en sus manos, y en este sentido dice en el decreto 636 que su objetivo es establecer “pautas uniformes” al mobiliario urbano. El pliego incluye que el oferente realice el diseño de los nuevos refugios y de las pantallas de los cercos de obra y baldíos y otorga 35 puntos sobre 100 de puntuación total a una cuestión puramente subjetiva. Es decir que el comité podría dejar afuera a una empresa únicamente por no coincidir con cuestiones estéticas de su proyecto.
El decreto 636 reclama a quien quiera poner un afiche en La Plata presentar una descripción clara y concreta de la publicidad, detallando características de las misma y agregando el diseño respectivo. A lo que el concejal Claudio Franjul de la Unión Cívica Radical arguye que este requisito se presta a posibles manipulaciones de organismos estatales que podrían tranquilamente ejercer una censura previa de lo que no considere adecuado al poder ejecutivo, decidiéndose esto en la Unidad Ejecutora de Regulación y Contralor de la Comunicación y la Publicidad, que dirige Juan Tejiachi y que depende de la Secretaría General. El ejecutivo se reserva el poder de veto sobre los avisos comerciales locales y sobre las campañas electorales de los partidos políticos. Además al no aclarar plazos en que la comuna debiera decidir al respecto, se pueden, simplemente, demorar afiches de la competencia sin llegar a prohibirlos pero evitando que salgan en el momento indicado.
Esta censura previa por parte de la comuna, es una maniobra para amordazar cualquier tipo de oposición. Situación que no es nueva, Alak ya lo había intentado con el artículo 146, que establecía la prohibición de la publicidad en la vía pública.
La encargada de Marketing de Good Time, Natalia Pasciuco, acuerda con el consejal y agrega que la posibilidad de descalificar con un cero al oferente que presente una propuesta arquitectónica que la comisión evaluadora considere “ regular” o “mala”, le otorga un poder susceptible de manipulaciones y arreglos.
Ante la inevitable subjetividad que existirá a la hora de calificar parámetros estéticos, tanto Good Time como X La Plata, proponen que se forme un comité evaluativo de ilustres en el tema. Es decir, que los que determinen la viabilidad de un proyecto provengan de la universidad y no del municipio. Además aclaran que otorgarle 35 de 100 puntos posibles en la licitación acusa un exceso difícil de defender.
Una cláusula que termina por excluír de la competencia a las empresas de La Plata es la exigencia de un activo líquido de 400 mil pesos excesiva para el tipo de contrato que se está trabando. Ésta condición daría ventajas a las empresas de Buenos Aires por contar con un poderío económico mayor. Además impone que el canon debe ser superior al 5% de la facturación de la empresa, teniendo ésta que rendirle cuenta a la comuna de cuanto esta facturando.
Si bien es difícil llegar a la conclusión de que la licitación número siete esté hecha a medida de alguna empresa particular, es evidente que las cláusulas son restrictivas y arbitrarias y son susceptibles de manipulación o al menos despiertan resquemores entre los empresarios locales. Asimismo sorprende el hecho de que la municipalidad, a través de Tejiachi, su vocero en publicidad, acepte las acusaciones y no salga a defenderse, bajo la dudosa excusa de encontrarse en período preelectoral.

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