Por tercera vez iba al mismo lugar, me habían advertido que “el zorro” era una persona difícil de encontrar e impredecible. Las anteriores veces nadie había respondido a la puerta, así que aún no lo había importunado como para resultar cargoso.
La nueva cita -concertada por teléfono- era a las ocho de la noche. La dirección que tenía garabateada en el papel correspondía al número dibujado con fibrón en la puerta de chapa. Un cartel, escrito con letra igual de ilegible, decía “golpear fuerte”.
Aporreé la chapa durante aproximadamente quince minutos, sabía que había alguien adentro por la música que se escuchaba hasta la vereda de enfrente. Me abrieron recién cuando el compact terminó y mis llamadas pudieron ser escuchadas. Nunca me había sentido tan poco bienvenido.
- Perdón si querés paso en otro momento, ¿estabas ocupado?- pregunto sólo para cumplir, ya que no entraba dentro de mis planes irme sin al menos cruzar unas palabras con el dueño de casa.
- Disculpame ¿te conozco?
- Yo venía a hacerle una entrevista “al Zorro”, ya arregle por teléfono- extrañamente hablaba sin saber con quien, nunca había visto al personaje en cuestión, sólo me llegaron las historias sobre su vida.
- Creo que algo me comentó, esta adentro, si querés pasa…Zorro!!!, te buscan.
La entrada era un largo pasillo a la intemperie a cuyos lados tenía un edificio y un paredón que no me llegaba al hombro. Caminé atrás de quién me había atendido los diez metro que me separaban de la casa. La puerta estaba abierta así que pasamos.
- Bienvenido a mis aposentos- dijo desde una hamaca paraguaya, sin dejarse aún ver.
- Permiso…- tuve las intenciones de alagar el lugar, pero la verdad es que la falsedad hubiese sido evidente.
El departamento era una verdadera cueva. Un monoambiente en el completo sentido de la palabra. En un extremo el inodoro al lado de una ducha cubierta por una cortina, enfrente un horno a leña con tiraje hacia adentro, por lo que el aire estaba viciado por la mezcla de olores y humo. En el medio pendía una hamaca paraguaya, contra una de las paredes laterales había un desvencijado sofá cama que ya dejaba asomar algunos resortes, una mesa ratona o de luz completaba el mobiliario.
El único elemento “decorativo” del lugar estaba en las paredes. No había lugar vacío, arriba del sillón una colección de patentes de autos; atrás del horno carteles indicadores de curvas, rotondas o cruces; para terminar con la ambientación temática, arriba del inodoro se podía observar un enorme “hombres trabajando”.
- Me gustaría que me hables un poco de tu vida, ¿por qué sos tan famoso en la ciudad?
- La verdad es que yo también me lo pregunto. Lo que pasa es que yo le di un fuerte impulso a los deportes alternativos y extremos. En una época salía en todos los medios- responde desde la hamaca sin siquiera asomarse.
- ¿A qué le llamas deportes alternativos o extraemos?
- Yo inventé el skate con ruedas gigantes. Es igual que los otros pero con ruedas de goma del tamaño de un triciclo. Con eso bajo toda la montaña en verano. Además, le di un fuerte impulso a todo lo que es BMX o bicicletas cross, seguro me has visto por la ruta en una de ellas.
- Si con nieve, lluvia, hielo. ¿Tuviste muchos accidentes?
- Uf, porque te crees que me dicen el cangre, por la cantidad de veces que me rompí la clavícula y andaba enyesado.
- A la noche también te he visto, la bici ya es más que un deporte, es un modo de vida para vos, ¿no?
- Ni hablar, yo voy a los boliches y la dejo en el guardarropas y ojo con que no me la acepten- por primera vez en lo que va de la entrevista asoma su cabeza rapada afuera de la hamaca.
Durante toda la conversación el amigo permanecía sentado a mi lado en el sofá, escuchando atentamente y asintiendo cuando el Zorro decía algo. De repente se para y pide que le abran que se va. El entrevistado por fin baja y me saluda.
De contextura robusta, su cuerpo era el de una persona alta compactado un tan sólo un metro sesenta de estatura. Estaba con el torso desnudo, dejando ver tatuajes de lo más extraños, todos ellos hechos artesanalmente y algunos sin terminar.
La cabeza parecía un mapa, con cicatrices para todos los gustos, desde aquellas que podrían representar los ríos hasta las avenidas y rutas nacionales. La nariz había sido en algún momento puntiaguda pero ahora se curvaba a la mitad, a partir de una costura. Estaba tostado parejo hasta la mitad de la frente, donde empezaba la palidez que iba a cubrir toda su cabeza hasta la rolliza nuca.
Al salir para el pasillo dejo sobre la estufa un chopp de Quilmes, adentro estaba la ceniza de los cigarrillos que se había fumado durante la tarde. Volvió en seguida.
- ¿En qué nos quedamos?- preguntó mientras me miraba con suficiencia y agarraba una botella de whisky “Criadores” por la mitad.
- De tu extraña forma de vivir, Algunos te dicen el loco, ¿sabías?
- Si pero eso viene de mucho tiempo atrás – se acomoda al lado mío en el sillón y prosigue – antes de que me digan el zorro, como verás me llamo Carlos al pedo. Yo tengo un pequeño problema que se llama esquizofrenia, mientras que lo tenga medicado está todo bien. La cosa era cuando no me lo habían diagnosticado que hacía cualquiera pero ya ni me acuerdo de eso-. Termina cortante, poniendo punto final al tema.
- Te vi en varios programas de cable, cuando presentas tus disciplinas ¿te sentís un intrépido o realmente querés imponer una nueva modalidad?
- La verdad es que lo hago como un desahogo. A veces me doy cuenta de que nadie va a estar tan chiflado de bajar por un arroyo seco con un skate a todo lo que da. Y el que lo quiera hacer no va a necesitar que se lo explique, porque va a estar tan loco como yo y va a experimentar.
- ¿Por qué sentís que se te considera un personaje de la ciudad?
- La verdad no se. Yo diría que es por mi facha, ando siempre de bermudas y musculosas por más que haga diez grados bajo cero y, yo que sé, es raro ver a un tipo en skate por la ruta entre los colectivos a la noche. Igual yo no me siento así, para mi es normal, te digo por lo que me comenta la gente.
- ¿Alguna vez pensaste en trabajar de esto?
- Estaría bueno, lastima que no tengo horarios y la verdad es que no soporto mucho a la gente. Lo podrás haber notado.
- Si me di cuenta- respondo en seguida.
Se vuelve a levantar, le cuesta quedarse quieto. Se pone unos lentes de sol horriblemente enormes, amarillos brillantes.
- Sé que tu otra pasión es la música, ¿contame un poco de eso?
- La verdad es que me encanta – me muestra un tatuaje en el hombro de Black Sabbath- pero no se tocar ni el timbre. Por suerte soy amigo de varias bandas locales que me llevan a sus shows como invitado, me hacen subir a cantar y todo.
- Se que grabaste un video clip…
- ¡Lo viste! Está genial, era para una banda skater de acá que me pidieron si podía hacer un par de boludeces para que me grabaran. Al final fueron cada vez más y termine siendo el protagonista del video. Es el día de hoy que me preguntan si soy algo de la banda.
- Ya que estamos en confianza, ¿te puedo preguntar algo personal?
- Depende, por las dudas puto no soy.
- Que cagada. No, en realidad quiero saber ¿de qué vivís?, porque las veces que te he visto fue siempre subido a una bici o al skate, a cualquier hora…
- De lo que te vengo contando, grabo videos, hago algún especial para la TV, llevo a algún turista que quiere aprender a andar en skate a que se cague bien a palo a la montaña y después me paga…no se de todo un poco.
- Bueno te hago la última pregunta…
- ¡Era hora!-interrumpe y se ríe sin perder la seriedad. No llega a ser reproche pero tampoco broma.
- ¿Estabas acá adentro las dos primeras veces que vine?
- Por supuesto que si, te cabe alguna duda.