FUNCIÓN DE LOS EPÍGRAFES:
Según la definición conceptual, un epígrafe es un resumen o cita que suele encabezar una obra científica o literaria, o cada uno de sus capítulos o divisiones para indicar su contenido.
En el caso de “Variaciones sobre la muerte de un caudillo” de Guillermo Pilía, las tres citas que sirven de epígrafes -si bien se ajustan a lo que teóricamente se estipula- responden a otros objetivos que tienen que ver directamente con el argumento y la historia en sí.
Por un lado, es interesante la selección de eminencias que componen el corpus elegido por Pilía. Nadie se atrevería a discutir la erudición y el valor histórico de los textos de Sarmiento (mas allá de lo que ideológicamente representa); que decir de Borges en el campo de la literatura universal; y Cortazar es uno de los exponentes más significativos de la nueva ola de escritores latinoamericanos. El sólo hecho de referirlos da autoridad y despierta interés sobre el contenido de lo que vendrá a continuación.
Por el otro, los epígrafes se estructuran de manera tal que dan un mapa de la historia, de como se sucederán los hechos, del perfil de los protagonistas y hasta de la idea que quiere comunicar el autor. Si además, el lector conoce los acontecimientos ocurridos en Barranca Yaco, podrá reconstruir lo que acontecerá a continuación, sin temor a equivocarse.
Con miras más elevadas, habría sido el digno rival de Quiroga; con sus vicios, sólo alcanzó a ser su asesino.
Sarmiento.
Santos Pérez era un caudillo con la autoestima muy baja, su escasa educación lo hacía sentirse inferior a los que lo rodeaban y compensaba su falta de erudición con una férrea predisposición al orden y un respeto irreductible a las jerarquías militares. No avizoraba un horizonte más allá de sus superiores y eso lo determinó como individuo. Tenía todas las condiciones para ser como El Caudillo pero no se atrevió a intentarlo.
Lo matan y no sabe que muere para que se repita una escena.
Borges.
Quiroga muere a manos de un desconocido y no alcanza a darse cuenta que su asesinato en realidad está decidiendo los destinos de su verdugo, que no es más que un reflejo de él mismo.
Santos Pérez, a su vez, mata todo lo que él quisiera ser y con ello sucumben sus sueños y añoranzas, sólo le quedará la redención a través de su propio fallecimiento (igual que la de su ídolo/victima).
…ahora sabía que no iba a despertarse, que estaba despierto, que el sueño maravilloso había sido el otro, absurdo como todos los otros…
Cortázar.
La desaparición física de un prócer como sólo Cortázar puede resumirla. Una cita concluyente para un broche de lujo a la concatenación de epígrafes que introducen “Variaciones sobre la muerte de un caudillo”.
RETRATOS DE QUIROGA Y SANTOS PÉREZ:
Quiroga es un personaje admirado hasta la devoción por sus partidarios federales y temido y respetado por sus adversarios. Todos saben de sus andanzas pero nadie se atreve a ser indiscreto.
Su habilidad en el campo de batalla, así como su espíritu de liderazgo lo rodeo de un aura que sólo los grandes personajes tienen. Sus dotes fueron exaltadas hasta alcanzar el estatus de mito, su existencia terrena dejó una huella en todos sus contemporáneos y quienes lo sucedieron. En el cuento, la muerte no hace más que exaltar su figura, nadie cree realmente en su derrota definitiva y todos esperan que algún día aparezca a defender su causa.
Santos Pérez, por su parte, es un ferviente admirador de Quiroga, pero que por esas burlas del destino se han visto en bandos opuestos. Es un gaucho bruto, amante del juego, que compensa su escasa erudición con sus habilidades en el arte de la guerra. Desde su aspecto físico hasta ciertas características de su personalidad, son imitaciones inconscientes a su ídolo El Caudillo.
Nacido para obedecer, vive y muere con el agrio sabor en la boca de servir a quienes no respeta y asesinar a quien idolatra.
Sus historias se cruzan en Barranca Yaco, pero no sólo por ser el lugar físico en el que el destino ha querido que mueran, sino porque en un mismo día (el de la muerte de Quiroga) dos historias tan disímiles como idénticas vieron su ápice y su fin al mismo tiempo.
Como dice el dicho popular, la vida entera pasa por los ojos del sentenciado a la hora de morir.
La de Santos Pérez signada por la obediencia incondicional, se reduce a un acto que no quiere hacer y a una vida de fugitivo a partir de ese momento. Su trayectoria como hombre de armas bravo será olvidada y reemplazada por el simple e indigno título de: “el gaucho que asesinó a Quiroga”. Él lo sabe, es consciente de que los Reynafé lo abandonarán y decide dejarse matar en el mismo lugar en el que signo su destino, dejando de ser un caudillo respetable para pasar a ser un forajido.
Quiroga, por su parte, muere sabiendo que lo asesinará un anónimo a quien no necesita ajusticiar porque cargará con el peso de la muerte de El Caudillo sobre sus hombros por el resto de su vida. Muere en lo más alto de su carrera, como un mito viviente, su figura se eternizará y él lo sabe. Se transformara en un héroe romántico, con un fin trágico que borrará cualquier tipo de lado oscuro en su trayectoria.
RECURSOS LITERARIOS DE GUILLERMO PILÍA:
“Variaciones sobre la muerte de un caudillo” es un texto con técnicas que la distinguen de otras obras de su estilo. Una de ellas es la inclusión de tres epígrafes de autores prestigiosos, históricos y representativos de diferentes movimientos y períodos -Sarmiento, Borges y Cortázar-, lo cual le aporta al texto una carga y un peso que lo transforma de un simple cuento en un relato mitológico.
Pilía busca dar cuenta del lado humano de los personajes, por lo que no se detiene en victorias o laureles sino que busca su lado introspectivo, sus temores y anhelos. Para ello recurre a un narrador omnisciente que bucea por los sueños de Santos Pérez o detalla monólogos interiores de los protagonistas.
La relación entre los personajes se manifiesta mediante guiños del autor, como ser las mayúsculas que utiliza Santos a la hora de referirse a Quiroga como signo de respeto; las conversaciones cortas y el no debate, a pesar de tener ideas distintas, entre el mismo Santos y los Reynafé en señal de obediencia a las jerarquías.
Los diálogos son utilizados para hilvanar historias, las reflexiones terminan en ellos. Son cortos pero determinantes, no hay lugar para los malentendidos y muestran lo osco y frío de la doctrina militar. Cada vez que se habla la historia toma otro rumbo.
Las descripciones de escenario son escuetas pero adaptadas a la narrativa y a los paisajes de la época, así como a las costumbres: “Cerca del mediodía vieron una nube de polvo: la galera de El General. Después, fue el ruido de los caballos y de los ejes en el silencio incendiado de esa hora bochornosa. El cielo tormentoso se cuereaba, surcado por extrañas franjas anaranjadas y sangrientas, como si fuera el atardecer. La galera se hizo visible”.
El autor no da hecho por sentado, detalla las características de cada personaje y enumera los acontecimientos con lujo de detalles. No obstante, el texto tiene varios niveles de lectura.
Para quien no tenga conocimientos de los hechos ocurridos en Barranca Yaco, el cuento funciona como una historia de un héroe romántico que muere a manos de su más ferviente e infeliz admirador. Los recursos utilizados por el autor le dan la carga emotiva y el dinamismo necesario para que la narración no pierda energía, siguiendo los cánones del thriller. Además, construye el perfil psicológico de los protagonistas de manera que se evidencie la doble tragedia, sin dejar nada al azar. El desenlace mezcla la tragedia con la acción, todo observado desde una perspectiva omnipresente y políticamente neutral. Se desliga del peso histórico del evento y destaca el lado humano.
Sin embargo, si el lector posee la carga teórica suficiente puede ir más allá del simple asesinato y los protagonistas. El cuento se presta para mucho más, es la punta de un iceberg: muestra una realidad histórica, se detiene en injusticias sociales, reniega del sistema de jerarquías militar, propone héroes y antihéroes anacrónicos (éstos siempre cercanos a la política, la estrategia y el maquiavelismo y aquellos pobres peones en un campo de batalla tan inabarcable como incomprensible para sus analfabetas mentes y emprendedores espíritus). Asimismo, plantea un modelo de país que ya se venía perfilando, signado por las traiciones y la muerte de las utopías y referentes.
Las sugerencias y connotaciones aparecen por doquier. “El alma de un traidor es seguramente más honda que el alma de quien siempre obedeció órdenes”, dice Pilía y en la cabeza del lector se amontonan imágenes que distan mucho de lo acontecido en Barranca Yaco (o quizás no tanto como uno cree al principio), como ser la nefasta “ley de obediencia de vida”. Las referencias se repiten para todo aquel que esté dispuesto a rastrearlas. El autor abandona así la neutralidad política de la que hacía gala en la narrativa fantástica para el lector desinformado y toma posición mediante frases cuidadosamente dispuestas.